


En este vídeo se presenta la mirada sistémica aplicada al ámbito educativo, con un enfoque especial en el orden de pertenencia y en cómo este se manifiesta dentro del aula y del centro escolar. Desde el inicio, se explica la importancia de ponernos unas “gafas sistémicas” para ampliar la mirada, observar sin juicio y comprender que muchos conflictos o conductas no son hechos aislados, sino indicadores de un posible desequilibrio dentro del sistema.
Se recuerda que, dentro de la mirada sistémica, existen tres órdenes fundamentales —pertenencia, jerarquía y equilibrio entre dar y recibir— conocidos como los órdenes del amor, y que en este vídeo el foco se sitúa especialmente en la pertenencia. La pertenencia hace referencia a la necesidad profunda de que todas las personas sientan que forman parte del sistema al que pertenecen y que tienen en él un lugar reconocido.
Se explica cómo la primera experiencia de pertenencia es la familia, ya que es a través de ella que llega la vida, y cómo posteriormente la escuela se convierte en un segundo espacio clave de socialización. Por este motivo, es fundamental que los niños y niñas sientan que forman parte tanto de su grupo aula como del centro. Cuando esta pertenencia no está asegurada, pueden aparecer diferentes formas de expresión: niños y niñas que pasan desapercibidos porque no se sienten vistos, o niños y niñas que muestran conductas disruptivas como una forma de reclamar un lugar dentro del grupo.
El vídeo invita al profesorado a hacerse preguntas clave ante los conflictos: si el niño o la niña realmente se siente parte de la escuela, si la familia se siente incluida dentro del centro, o incluso si los propios docentes se sienten parte del sistema. Desde esta mirada, el conflicto deja de ser solo un problema a corregir y se convierte en una información valiosa.
A continuación, se presentan diversas dinámicas prácticas para trabajar la pertenencia, tanto con el alumnado como con las familias. Se destaca la importancia de gestos sencillos pero profundos, como mirar a los niños y niñas a los ojos, decirles su nombre, darles un lugar y transmitir con la presencia que son vistos. Entre las dinámicas, se describe la propuesta de la piedra familiar, que simboliza a la familia dentro del aula, así como actividades con objetos que permiten visualizar cómo cada niño o niña se siente dentro del grupo, a modo de un sociograma tridimensional.
Finalmente, se pone en valor la creatividad y la experimentación como claves para encontrar las estrategias que mejor funcionan en cada grupo, recordando que trabajar la pertenencia es un proceso vivo, que se ajusta y se construye en el día a día.
Esta práctica fue aplicada en Mallorca, Islas Baleares, España.
