


Maria Montessori, apasionada por el proceso de aprendizaje infantil, en 1906 comenzó a estudiar psicología mientras, al mismo tiempo, cuidaba y acompañaba a un grupo de sesenta niños. Con ellos fundó la primera Casa dei Bambini (Casa de los Niños), un espacio educativo innovador donde puso en práctica sus ideas. Allí nació el método Montessori, una propuesta pedagógica que sitúa al niño en el centro y lo reconoce como protagonista activo de su propio desarrollo. Uno de los principios básicos del método es el concepto de la “mente absorbente”. Montessori defendía que, durante los primeros años de vida, la mente del niño tiene una extraordinaria capacidad para asimilar conocimientos de forma natural y casi inconsciente. Comparaba el cerebro infantil con una esponja capaz de absorber experiencias, lenguaje y normas del entorno con una facilidad sorprendente. Este aprendizaje se produce de manera espontánea, pasando gradualmente del inconsciente a la conciencia. También describió los llamados “períodos sensibles”, etapas concretas en las que los niños muestran una predisposición especial para adquirir determinadas habilidades. Durante estos momentos, se sienten especialmente atraídos por aspectos concretos de su entorno, repiten actividades con interés y aprenden con gran facilidad, siempre respetando su propio ritmo. Dentro de la educación infantil, el método Montessori se organiza en diversas áreas que responden a las necesidades reales del desarrollo de los niños y favorecen un aprendizaje global, activo y significativo. El área de vida práctica parte de actividades cotidianas y de materiales familiares, cercanos a la experiencia diaria de los niños y niñas. Mediante tareas como vestirse, lavarse las manos, barrer, servir agua o preparar alimentos sencillos, los niños aprenden a cuidar de sí mismos, de los demás y del entorno en el que viven. Estas propuestas no solo fomentan la autonomía y la responsabilidad, sino que también ayudan a desarrollar la coordinación motriz, la concentración, el orden y la seguridad personal. También se trabajan aspectos sociales como la cortesía, el respeto por los compañeros, el trabajo en grupo, el control del movimiento a través de la «línea» y la capacidad de escucha y autocontrol con el juego del silencio. El área sensorial reconoce que, durante los primeros años de vida, los niños aprenden principalmente a través de los sentidos. Los materiales Montessori están diseñados para aislar cualidades concretas —como la medida, el color, la textura o el peso— y permiten refinar la percepción sensorial. Esto ayuda a los niños a observar mejor, comparar, clasificar y entender el mundo con más precisión. En cuanto al lenguaje, se parte del lenguaje oral para avanzar progresivamente hacia la lectura y la escritura. Materiales como las letras de papel de vidrio o el alfabeto móvil facilitan la asociación entre sonido y grafía, y preparan la mano para el trazo escrito. El área de matemáticas introduce conceptos abstractos a través de materiales manipulativos que permiten entender cantidades, numeración y operaciones básicas de manera concreta y visual. Finalmente, el área cultural acerca a los niños a la naturaleza, la geografía, la historia, el arte y las tradiciones, despertando la curiosidad y el respeto por el mundo que les rodea. En esta segunda píldora Montessori, compartiremos las partes más relevantes de este método en educación infantil para poder seguir la gradación de algunos materiales que ella trabajó. ¡Vamos!
Esta práctica fue aplicada en Solsona, Lérida, España.
