


En todo el mundo escuchamos lo mismo:
‘Las familias no acompañan’.
‘La escuela exige demasiado’.
‘Los padres se quejan’.
‘Los docentes no comprenden la realidad familiar’.”
La verdad es que ambas partes están cansadas.
La familia llega con miedo, culpa, dudas.
«La escuela llega con presión, exigencias institucionales.”
“Y en ese cruce emocional… se pierde lo más importante: el niño.”
“Cuando una familia escucha una observación, muchas veces lo recibe como un juicio: ‘¿Estaré fallando?’
‘¿Me están señalando?’ ‘¿Están diciendo que mi hijo tiene un problema?’”
Y cuando un docente observa dificultades, también lo siente así:
‘¿Me están escuchando?’ ‘¿Entenderán lo que veo?’
‘¿Podremos sostener juntos lo que el niño necesita?’
“Ambas partes quieren lo mismo… pero llegan desde lugares emocionales distintos.Cuando familia y escuela se enfrentan… el niño queda en el medio. Cuando se encuentran… el niño avanza
Familia y escuela no compiten, se necesitan»
Esta práctica fue aplicada en San Isidro, Buenos Aires, Argentina.
